miércoles, 10 de enero de 2018

La obsesión y el othello - Parte II

Identificar el problema

Parte I: "En esta primera parte he tratado de desmentir dicha aseveración. Estar obsesionado por el juego, es malo. Más adelante entraré a debatir sobre si únicamente estando obsesionado se consigue ser el número 1 del mundo (en principio no lo creo). En la próxima parte comentaré los principales síntomas que pueden indicar que estamos obsesionados, para que seamos capaces de identificar el problema. Sin embargo, en los temas mentales es de crucial importancia reconocer el problema. Reconocer dicha obsesión. Si ni siquiera se reconoce el problema, es prácticamente imposible llegar a solucionarlo. Cuando empecemos a ser conscientes del problema, podremos empezar a solucionarlo o a controlarlo. Pero si ni siquiera lo queremos reconocer, quizá la obsesión desborde nuestro cerebro tarde o temprano, como el agua que entró en el Titanic y terminó por hundirlo, mientras los violinistas seguían tocando."

El problema más inmediato que implica la obsesión es cierto estrés, asociado al incumplimiento quizá de tareas habituales más importantes que el othello. El pensamiento de poderlas hacer después, cobra fuerza en este punto. A nivel personal, recuerdo con cierto cariño en mi último año de universidad por allá el 2013.. llegar 10 minutos tarde a clase por jugar varias partidas de othello. El componente no tanto obsesivo sino lúdico que tienen todos los juegos, hacen el resto. Hacen que se mezcle obsesión con ganas de jugar, y realmente a nivel interno ni siquiera sabes o eres consciente de que estás empezando a tener un problema. 

Recuerdo cuando me contaron el caso de un muy buen jugador. Un jugador de sobre 2000 puntos de Elo en Playok había caído derrotado más de 20 veces seguidas contra otro jugador de más puntuación que él. Yo jugué con el jugador que había perdido 20 veces seguidas y creo que me metió un parcial de 10 a 2 o 9 a 3. Durante esos juegos estuvimos hablando y me comentó el modus operandi de su rival, un Gran Maestro de al menos 7 dans: Se levantaba por la mañana, procedía a estudiar 4 horas al othello. Lo hacía en papel, memorizando secuencias de aperturas. No jugaba ninguna partida, simplemente se memorizaba secuencias y más secuencias desde la apertura durante esas 4 horas. Las 4 siguientes horas del día las utilizaba realizando problemas de juego final, también con el Zebra o en papel. Posteriormente pasaba las siguientes 4 horas del día jugando en Playok. Por último, 4 horas más analizando todas esas partidas (o casi todas) para detectar fallos. Ese era su día a día. 

Resulta muy difícil de imaginar un día a día así en una persona que no esté obsesionada por el othello. Deberíamos preguntarnos: ¿a partir de qué momento dicho jugador decide autoimponerse ese horario? ¿está disfrutando realmente con eso? ¿son sus ansias de ganar un Campeonato mundial tan grandes que hace que lo apueste todo en su vida a ello? Es evidente que esa programación en 4 bloques de 4 horas, le dejan 8 horas para dormir y 16 para el othello. Se puede deducir con cierta lógica que dicha persona no trabaja. De lógica también podemos simplemente dar por hecho que su nivel es tremendamente potente. ¿Acaso podemos nosotros compararnos con él si no hacemos lo mismo? De hecho, si él no fuera mejor que nosotros después de llevar años aplicando dicha rutina, es que realmente él es tonto... y eso es lo preocupante. Las derrotas para estos jugadores son muchísimo más dolorosas que para nosotros. La obsesión no solo pinta un papel negativo en nuestro día a día, sino que tiñe cada derrota de un cruel sarcasmo. Supongo que estas personas creen, (con cierta razón) que no deberían perder ciertos juegos o cometer ciertos errores porque simplemente los han trabajado o estudiado, y el hecho de comprobar que son humanos y que incluso aun así fallan, les puede crear una sensación muy negativa.

Algunos jugadores expertos pintan las derrotas como lo debemos hacer todos: Es un juego y a veces se pierde. Punto final. En el othello, al contrario que en el ajedrez, los Grandes Maestros pueden perder contra aficionados. Eso hace grande al juego, eso hace que valga la pena. E insisto: imaginémonos que llevamos semanas trabajando una apertura para batir a un rival en un torneo presencial. Llega el día clave, aplicamos la apertura trabajada y perdemos igual, ¿acaso no nos sentaría peor que si en cambio no hubiéramos estudiado nada? 


Otro día explicaré cómo enfrentarse a la derrota. Pero resulta evidente que la obsesión no es buena, incluso aunque mejoráramos nuestro juego de una manera tremenda. Aquí comparto una captura del amigo Max, donde también por alguna razón decide quedarse practicando toda la noche antes de un torneo. ¿Realmente merece la pena? ¿Acaso va a poder potenciar más su nivel jugando toda la noche? Al final creo que los jugadores pierden la conciencia de lo que es el juego o un evento como un sitio donde se va a disfrutar y donde se va a conocer a gente y a pasar un rato agradable. 

Es cierto, a todos nos ha pasado llegar a un examen de la universidad o del colegio o de cualquier cosa y sentir la tentación de minutos antes, repasar los apuntes por si entra eso que no te sabes. Os puedo garantizar que en la mayoría de casos no vale la pena. Quizá no sea muy buen jugador de othello, pero creo que soy bueno estudiando. Lo que tú estudias, especialmente para un examen complejo, lo acumulas a través de un estudio de varios días. En el fútbol hay una ley no escrita elaborada por los italianos que dice: "no intentes ganar en 1 minuto lo que no has podido ganar en 90 minutos". De ahí que muchos equipos pacten inconscientemente una prórroga en partidos importantes cuando falta poco para que termine el juego. Lo contrario puede implicar una contra por parte del equipo rival debido a errores inesperados. En este tipo de asuntos pienso lo mismo: Ni vas a poder aprenderte en 5 minutos lo que debiste estudiar durante 10 horas ni vas a poder mejorar en el othello en un día lo que no has mejorado en meses. Tu nivel de othello, como casi todo en la vida, sube progresivamente y a poco a poco, y vas más despacio aprendiendo cuanto más experto te haces. Ni tiene sentido obsesionarse con estudiar el juego en profundidad días antes ni mucho menos durante el descanso para comer durante un torneo oficial. ¡Disfruta! ¡Conoce a gente! ¡Habla! ¡Come! Deja el ordenador a un lado y el análisis, ya tendrás tiempo de analizar los errores al día siguiente en tu casa cómodamente en tu sillón cuando estés solo tomando una taza de café... y ahora disfruta del evento de othello como solo él se merece. ¡No dejes que la obsesión se apodere de ti!

¿Hasta qué punto es dañino entonces? ¿cuando perdemos el empleo por culpa del othello? ¿cuando no podemos mantener una conversación en un torneo por revisar la partida posteriormente? Tratando de establecer un criterio horario, creo que hay un número de horas a partir del cual podemos "rebasar la línea". Evidentemente, es un dato muy subjetivo, pero aun así, paradójicamente objetivo. Debe existir un número de horas a partir del cual la obsesión hace mella en nostros. Siempre recuerdo aquí a los boxeadores. Lo he comentado otras veces: un boxeador de 20 y pocos años recibe un puñetazo y no le afecta igual que cuando tiene 30 años. El mismo golpe, 10 años atrás, le afecta más. Se dice en el argot del boxeo que el boxeador va metiendo en una cajita todos los golpes que recibe durante su carrera, y que llega un punto que esa cajita simplemente estalla o no puede retener más golpes, momento en que dicho boxeador debe retirarse. 

Psicológicamente, (e incluso psiquiátricamente), está demostrado que el cerebro no puede soportar demasiado estrés durante demasiado tiempo. Termina por colapsar. Estrés, depresión, insomnio o psicosis, son, (de menos a más) los síntomas más negativos de un cerebro que busca a la desesperada una salida a esa situación. No es casualidad pues, que en la antigua tortura china, los ejecutados se desmayaban y perdían el conocimiento, cuando el cerebro no podía soportar más tensión. En la vieja tortura española de la bella durmiente, (torturar a un preso sin dejarle dormir durante días) la muerte se producía por suicidio del reo al no poder soportar esa situación. Estudios demuestran que ese tipo de torturas mentales eran las más dolorosas con diferencia, superiores a cualquier otra cosa física que nos podamos imaginar. Es importante tener esto en cuenta, porque nos ayuda a hacernos una idea de como el cerebro trata de escapar de determinada situación, incluso aunque no nos demos cuenta de ello. El papel que juegan los fármacos hoy en día, maquillan pero no solucionan el problema, la obsesión por el othello no es buena, la obsesión en general, no es algo de lo que alguien deba enorgullecerse. Otro apunte: jugadores obsesionados son candidatos a ponerse extremadamente nerviosos en un evento presencial, motivo por el cualo directamente no participan. Les frustra demasiado ver que su nivel baja en una partida en vivo, no lo comprenden y directamente la contradicción se apodera de su inconsciente: por un lado juegan y juegan más y más partidas online, pero por otro no sienten un especial interés por hacerlo en vivo. Esto es negativo para el othello en general. (En unos meses la tercera parte).

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