viernes, 8 de septiembre de 2017

Por qué no me gusta el ajedrez - Parte II

Demasiadas variables

Siempre que juego al ajedrez me aburro. Jugando a othello en cambio no. Me siento a gusto. Las fichas responden a un orden lógico, hay movimientos que parecen malos y lo son, hay otros que simplemente son bonitos o brillantes. La disposición del tablero transmite figuras, formas y matices de las que el ajedrez carece. Muchas veces me he puesto nervioso jugando al othello, especialmente en el juego final cuando me queda poco tiempo, pero en cambio en el ajedrez eso nunca me ha sucedido. He jugado con demasiada calma: siempre. Los nervios quizá hacen que te apasione más un juego y menos otro. Simplemente, y supongo que como sucede en el amor: con el ajedrez no siento nada. Con el othello sí.

Y por eso no juego a un juego que no me transmite nada. Y como apuntaba en el título del artículo: en el ajedrez entran demasiadas variables. El otro día jugué con mi sobrino (de 10 años) y me ganó varias partidas. Durante las mismas, veía demasiadas variables. Intentaba analizar cada pieza por separado y me perdía. Demasiadas opciones. En el othello muchas veces las opciones son limitadas, lo que lo hace un juego relativamente sencillo. Simplemente no sabía qué hacer con mis piezas. Por donde atacar, e incluso como defenderme. Demasiado pesado.

Comparto unos vídeos donde jugué en Playok a modo de muestra. Si bien es cierto que en Playok podemos jugar por simetría, eso no siempre va a ser posible. En el ajedrez mis partidas más largas han sido las que imito los movimientos simétricos del rival. Algunos tardan en darse cuenta. No se hacer otra cosa. No se donde meterme con mis piezas, y cada movimiento mio con una en la que me coma una figura del rival, implica la pérdida inmediata de mi misma pieza.

Luego está el tema de los relojes. He intentado usar la técnica de la Ley del Minuto de Playok en el ajedrez pero es completamente inútil. Al ser el tiempo añadido, no puedes mover rápido forzando al rival a que se le acabe el tiempo y ganar tu aun siendo inferior técnicamente. Si el segundero está a +3, tu rival tiene 3 segundos para toda la eternidad, el tiempo puede ser infinito si es lo suficientemente rápido. No encuentro la lógica del tiempo añadido por movimiento. Supongo que debe ser para que en un torneo real cada uno disponga de al menos esos segundos para mover las piezas. 

En el othello en cambio, ese tiempo no se añade en ningún torneo que haya visto, lo que convierte al juego en algo mucho más atractivo. Cada jugador debe estimar antes de una partida el tiempo que tarda en mover las fichas, y descontarlo del cómputo total para calibrar a falta de un minuto si tiene tiempo ya de pensar o no. De ahí algunos jueguecitos como voltear las 64 fichas completas. Mis datos hablan (tengo un vídeo por ahí, quizá lo suba algun día) de 59 segundos en voltear las 64 fichas. Más o menos un segundo por ficha, teniendo en cuenta el tablero con bordes en el que las fichas quedan insertadas como si fuera un panel. A mi no me gusta mucho, prefiero el oficial, aunque es cierto que los discos quedan más perfectos y quizá se pueden ver algunas jugadas mejor. Cuando juego torneos en vivo acostumbro a recolocar bien las piezas del tablero grande. 

Así que según mis estimaciones, perdemos unos 2 minutos en mover durante toda la partida. Algunos jugadores mueven muy rápido, y tardan bastante menos, pero también cometen increíbles misflips por ello. En el ajedrez ese problema con el tiempo añadido no existe en muchos casos, es un componente estratégico de menos a tener en cuenta, aunque evidentemente también se debe valorar. 

Por último, si atendemos al juego final, en el ajedrez hay un mate que en el othello no siempre está presente. A veces las partidas de ajedrez pueden ser más cortas, y quizá el único inconveniente presencial que pueda tener el reversi u othello es el hecho de tener que voltear todas las fichas en casi todas las partidas, haciendo que efectivamente con dispositivos electrónicos podamos jugar muchas más partidas más rápido.

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